Enlightment

Enlightment,
orginalmente cargado por Dela Dust.

Y hay un halo que me separa del deseo, algo que me impide acercarme a la comunión total con su cuerpo. Él no existe, és es muchos, legión de brazos y pechos que abren a mis ojos miles de historias que no serán, y que están al alcance de la mano…

Infinito reclinable, él sufre por no conocerme, yo sufro por no saber dónde está, cómo se llama, por no haber visto sus ojos jamás.

Él sabe de mí, él me anhela como yo a él. Él se engaña justo como lo hago yo. Mi esfera infinitamente rota para unirme a su luna. Sin embargo, la espera es eterna y castiga, mis muslos no pueden más con esta vida.

957082450_bd8072aaac_mPiensa en ella, en cómo aprendes a aceptarla, y en cómo no puedes vivir sin la nostalgia.

La soledad es la única amante que te permitirá pertenecerte, la única que no abandona ni desilusiona.

Complácete en ella, y aprende a amar y a no temer.

Mientras te regocijas en ella, yo estaré a la espera, acechándote en las noches de bits…

3120507738_d5bb1a29d4_mLo hermoso de tu foto puede ser que estés fumando, fumándote tu vida y tu hermosura, cual suicida que no se apiada de la belleza. Porque de la belleza poco parece quedar en el mundo.

Hay algo más en tu recuerdo, algo más que tu tatuaje y tu lujuria: tu eterno olor a cigarro. Te amé más que al fumador de pipa, o que al otro, fumador de tabaco, incluso más que a aquel que necesitaba hachís para poder conciliar el sueño, y era más insomne que humano.

Tu suicidio cotidiano apagaba mis luces y cerraba mis desvaríos. Con un cigarro la trama de la vida retomaba su cotidianidad, porque juntos, antes de ese cigarro, iniciábamos la persecución del tiempo en el orgasmo. Tu cigarro sellaba el fin de ese instante cósmico.

Sabré siempre que fue políticamente incorrecto hacerlo…. por suicida, por traicionero, por clandestino, por irremediablemente apasionado.

Toda mujer puede ser violada hija mía, esa es nuestra marca.

Todas podemos ser sojuzgadas ante ese último juez, y el juicio es increíblemente sórdido y continuo.

Las demás mujeres miran a la que ha sido horadada, deshonrada, expuesta en su pellejo, como a un despojo humano que lleva una enfermedad hace tiempo desterrada, y su respuesta es “yo soy inviolable”.

Nadie es inviolable, sin embargo, ni siquiera ellos.

El poder de la vagina dentada, el poder de la oscuridad de nuestro cuerpo, les ha hecho inventar un crimen en lugar de un poema.

Hoy, la violación, el acto impropio, el acoso sexual, el incesto, están reificados, como un panfleto en el piso después de una procesión.  Hay que ver el cuaderno de estrategia política para decidir si se está o no en contra del crimen.

Es algo demasiado horrendo para ser verdad.

Es algo demasiado horrendo para mentir con ello.

Debemos acompañar a la víctima siempre. Las mujeres sin sororidad se ponen del lado del victimario, para escupir en las caras de las -así vistas- leprosas, chingadas.

No cuentes con las altas funcionarias, hija mía, hermana mía, ellas se harán las desentendidas para no saltar el abismo que hay entre su poder (minúsculo) (y al lado del patriarca) y sus pasados valores.

Siempre es más fácil decirlo que hacerlo. Hay que estar en la piel de la decisión para probar tu moral.

Pequeños personajes de pasillo, pertenecientes al desafinado coro de adoración, gritan ¡blasfemia! Esos se creen inviolables, se creen perpetuos, o esconden sus incestos del pasado haciéndose ver en el retrato de quienes han sido felices, sin ser penetrados a la fuerza.

De todo pasa. Y nuestras hermanas permanecen en el limbo. Poc@s les creen. No hay decisión, es más probable que mientan por motivos políticos a que sea cierto… y la violencia pasa… otra vez, sobre ti y sobre mí…

En cinco minutos comenzaré a extrañarlo. Nada puede borrar mi confusión y desconcierto. Los días pasan plácidos, una que otra tarde recuerdo la larga ausencia de Tristán, y el llanto apremia, pero hoy no es el caso.

La ausencia es una sólida nube.

Sólo quien está ausente es sagrado, cuando está a tu lado no lo valoras. Cuando no está lo idolatras, y si está lo desprecias. Esa es la experiencia de Dios.

Hoy ambos están ausentes, pero cinco minutos se hacen suficientes para idolatrar a Marke. Hoy descanso del vértigo del otro, y mi ternura languidece.

Hoy siento que Tristán y yo no podemos llamarnos amantes. Somos solo dos huérfanos tratando de superar su abandono primal, de la mano del otro…

Bendecía tu ausencia las noches que podía irme a dormir tranquila. Las noches en las que pude arreglármelas por mí misma -sin luna… Mis aullidos fueron escuchados, y la oscuridad me acompañó por días, enseñándome a aceptar que no se puede escapar de las batallas que has librado, las obras que has forjado, o los ojos que has amado.

Te amé antes de conocerte. Conocí tus embates de fiera antes de poseerte. Creí en ti antes de adorarte. Ese es mi presente al que no puedo traicionar.

He caminado todos estos días por distintos muelles, observando la dinámica de los puertos y nada me dicen. Yo no sé lo que es navegar. Estoy anclada en ti y estoy cómoda. Las aguas sólo me remiten a esa última tarde en el hotel cercano a tu oficina, ese día que me escapé y recorrí kilómetros solo por verte, desnudarte y volver.

Esa noche volvía bordeando el lago, con miles de sensaciones y sabores felices, feliz, ungida con luces de neón de mil colores, como un concierto de rock.

Estos días he visitado aeropuertos también, brincando a través de las ciudades, penetrando miradas y escarbando deseos. Deseando yo misma… La dinámica del aire nada me dice tampoco, porque los lugares son distintos cada vez que vuelas aunque sean los mismos. Pero para mí tu piel es siempre el territorio seguro, donde toda guerra acaba y donde toda guerra empieza.

Para mí el viento es lo que mueve tu cuerpo y aprieta tu pecho. Es mi espacio.

Deambulando por las noches he deseado desear otro amor. Esos deseos por cada sombra furtiva me han convencido de que tienes derecho a más que mis temores. Tienes derecho a más que mis tempestades. Por eso callo y anulo la espera intentando amar a otro. Cada vuelta de esquina promete un recomienzo, que el polvo se lleva tras las pisadas.

Inevitablemente la soledad está de mi lado. Los otros pasan, callan, observan, siguen… no son su objetivo. Soy yo, quien puede olerla en las teclas de mi control remoto.

Esta noche en mi cama sólo me queda por ofrecerte un elemento, el fuego.

Nada puede saciar mejor nuestra sed de encuentros y apaciguar la lejanía. Nuestra paz se consume en un instante, el mismo instante en que nos dejamos, y nuestra esperanza se cifra en el nanosegundo en que coincidimos. Eso es el fuego, fugacidad, idoneidad de la rápida huida, sin territorios ni mareas, una sola reconvención, un único orgasmo.

El olvido de las piedras y la incorporeidad de las aves nos agota en nuestros propios cuerpos. La cadencia del naufragio envejece nuestras almas. El fuego, arder, danzar, gritar, amar, despedazar el tiempo, ver reducido a cenizas el pasado, hacer humear el presente, es lo único que tenemos: un apretón de pechos, de lenguas, de muslos que se extravían, de vellos que caen a las brasas de la sábana.

Un te amo que huye despavorido ante el primer rayo de luz, que se va en la cadencia del calor de la mañana. Eso es… Es esa primera frase que te dije aquella tarde maldita: ardo por hacer el amor contigo.

Una vez vi en tus ojos lo que te unía a él. No necesitaba tus mensajes en la contestadora para revolver mi memoria.

Asumo sin pasiones tu traición, y sé que el juego es siempre extremo, que pocas veces nos mantenemos en las orillas de la escritura para dar serenidad a nuestras almas.

Porque lo que hacemos al escribir es dilatar la espera por el próximo gran golpe. Tú en mi cama, o en la de él, o yo en la de otra, y el juego recomienza con un temblor atávico de años de espera.

… Una que otra vez una lágrima atravesada.

… Yo ya estoy acostumbrado.

Recomienza una etapa en el que me permito una ilusión en un mar de certidumbres. La ilusión de que ella dejará de ser una amiga, la certeza de que tú eres mi única amante.

Ojalá yo pudiese ser como mi gato, que atrapa la luna en sus pupilas para no olvidarla cuando mengua. Hoy tú menguas, y yo cierro la ventana temiendo el huracán. Tratando de cerrar, como la ventana, una etapa de esperanza fatua.

Estaré en este lado del cable, sabiendo que twittearás nuevamente cuando se te pase la culpa, tus dos culpas por tus dos adulterios, perdonándote a la distancia, pagando el precio de amarte.

Soy una prostituta, camino incansable con la lujuria en los tacones. Mi único cliente a crédito eres tú, y precisamente hoy dudas si te amo. ¿Puede haber mayor acto de amor que entregarse a un hombre sin cobrarle, sin pedirle nada a cambio y creer en su promesa de que algún día me resarcirá de la espera?

Mientras todos celebran la fiesta sagrada de esta noche sin luna, yo sigo caminando, atravesando portales y escondrijos. Losas mojadas suenan mientras fumo, taconeo sobre charcos para esquivar la furia que empieza a producirme tu inacción… Hoy me enteré de que tu exilio es voluntario.

Me quedé sin rostro. Debo acompañar a mi mejor cliente a una reunión de trabajo, con sus socios pedantes que me desean tanto como tú. Y yo allí en medio, sonriendo y poniéndome en venta una vez más. Debo escapar de mi cólera.

Me quedé sin piso. Llamé a tu oficina después de que te habías ido. Llamé a tu móvil y me atendió otro. ¿Por qué te escondes? Esta noche siento que no tengo ningún poder sobre ti, que mi lujuria se reduce a la pantalla de una laptop y que todo lo que ha pasado ha sido obra de mi pensamiento deficiente.

Por eso estoy con él ahora. Acabo de dejarlo dormido, rebosante de felicidad al haberme tenido después de un largo tiempo. Te contaré paso a paso lo que me hizo, dejándote mensajes en la contestadora de tu casa.

Te narraré cómo me penetró mil veces y como en el interín tuve que morder sus hombros para no gritar tu nombre. No será fácil para ti olvidar cómo mi marido me hace el amor, cómo clavo mis uñas en sus caderas, cómo me desparramo sobre él para amansarlo, no te será fácil olvidar que él me ama.

El humo de mi cigarrillo se desvanece, como mi furia. Enciendo otro y sigo caminando para olvidar cómo me hacías el amor tú a mí.

Camino para olvidar tus promesas… y las mías…

A que no me extrañes durante la tardes en que no estás en tu oficina. Te reto a que te desvistas nuevamente sin pensar en mí. Mi desafío es para que te deshagas de mi memoria, aún cuando no reprimas el deseo por otras mujeres.

Aquí te espero. Te reto a que puedas vivir con eso.

Cuando alargues tu brazo en la noche para apagar la luz, cuando bajes la cabeza para no golpearte con el saliente en la escalera, cuando enciendas la moto para salir a la ciudad, estaré tras de ti como un hada de la bruma, conjurándote en el muelle, de este lado del mar.

Tu mar es extraño, el mío es común. Sumérjete en mí y no esperes más por los fantasmas.

Sé que lo has intentado miles de veces, sé que no has podido superar mi desafío en veinte años, y que aún preguntas cuando sueñas por qué

Por qué yo soy tu única respuesta…