En cinco minutos comenzaré a extrañarlo. Nada puede borrar mi confusión y desconcierto. Los días pasan plácidos, una que otra tarde recuerdo la larga ausencia de Tristán, y el llanto apremia, pero hoy no es el caso.
La ausencia es una sólida nube.
Sólo quien está ausente es sagrado, cuando está a tu lado no lo valoras. Cuando no está lo idolatras, y si está lo desprecias. Esa es la experiencia de Dios.
Hoy ambos están ausentes, pero cinco minutos se hacen suficientes para idolatrar a Marke. Hoy descanso del vértigo del otro, y mi ternura languidece.
Hoy siento que Tristán y yo no podemos llamarnos amantes. Somos solo dos huérfanos tratando de superar su abandono primal, de la mano del otro…
