Lo hermoso de tu foto puede ser que estés fumando, fumándote tu vida y tu hermosura, cual suicida que no se apiada de la belleza. Porque de la belleza poco parece quedar en el mundo.
Hay algo más en tu recuerdo, algo más que tu tatuaje y tu lujuria: tu eterno olor a cigarro. Te amé más que al fumador de pipa, o que al otro, fumador de tabaco, incluso más que a aquel que necesitaba hachís para poder conciliar el sueño, y era más insomne que humano.
Tu suicidio cotidiano apagaba mis luces y cerraba mis desvaríos. Con un cigarro la trama de la vida retomaba su cotidianidad, porque juntos, antes de ese cigarro, iniciábamos la persecución del tiempo en el orgasmo. Tu cigarro sellaba el fin de ese instante cósmico.
Sabré siempre que fue políticamente incorrecto hacerlo…. por suicida, por traicionero, por clandestino, por irremediablemente apasionado.