Cuando era pequeña no me extrañaba desvanecer mi corporeidad en una danza con las nubes y mis antepasados. Sólo después de treinta años he debido darme cuenta de la monstruosidad que eso significa. Siempre fue fácil para mí abstraerme del mundo, que me aburría terriblemente, y convertirme en un soplo, rodear la sala de mi casa hecha una espiral, tal como se ven en los radares las masas de aire, los cúmulos de las lluvias o, en los telescopios, las nebulosas constelares. De hecho, cuando niña, me sorprendió mucho ver cómo las máquinas meteorológicas con las que trabajaba mi tío podían describir con tal perfección la danza que llevaba a cabo sobre los techos junto a mis abuelas. Sigue…

El crepúsculo se mimetizaba con San Giorgio Maggiore, la costa de enfrente, la misma iglesia que toda la mañana estuve perdiendo y encontrando, similar al rastro de tu sombra esquiva… tu sombra malva que ahora me atormentaba. Sigue…

A veces, por pudor, no decimos lo que creemos, porque lo que creemos es tan inverosímil que raya en la locura o en la duda hacia nosotros mismos. Por eso Paula no dijo que la asaltaba una certeza de lo indecible. No sabía cómo decirlo, no sabía si debía creerlo. ¿Cómo invocar la vida eterna o la muerte sin fin? ¿Cómo pensar que a ella, en su estupidez infinita, los ángeles del adulterio la habían rozado? Sigue…

Como para silenciar todo su mundo?

La linda cara de ella contrastaba con su rostro de mimo inmortal, su pretendida imitación de Buster Keaton.

No se sabe qué fue del café. ¿Será que la brisa que provenía del cabello de ella lo enfrió?

Quisiera olvidar lo que inicié.

Deshonro a mi ídolo con mi excesiva sinceridad, mientras mi rostro de piedra se fisura ante la suavidad de sus mensajes y sonrisas.

La serenidad debería ser una joya que nos acompañe siempre.

Pero no es así, un toque en la espalda, un roce de manos, una poco precavida mirada, hacen que mi canto se desarticule y aparezca la lágrima o la sonrisa enamorada como malsín de mi intimidad.

Por descuido he sido espectador de mi propio drama, ese que aja mi rostro esta tarde.

Quise correr, encerrarme en mi hotel a reconfigurar la mirada, reensamblar la palabra, calmar el temblor producido por la delación. Pero la ansiedad por presenciar una de sus sonrisas me gana, y me quedo, enfrentándome con mi poco aprendido rol de amante de una mujer casada.

Se corre el riesgo de devolver el importe de la entrada por tan mala representación.

Me inventaré que la espalda desnuda que recuerdo no es la del placer sino la del adiós, que fue lo último que vi de ti cuando me alejé. Tal vez así logre despejar la memoria y permitir que mi cerebro funcione para algo más que esperar verte aparecer en el messenger.

Me convenzo a mí misma de que PseudoIsolda era la mujer que te convenía, la única pequeña frágil que tu bondad amparaba. Trato de imaginar que yo no te necesito ni te merezco, y que dejo para otras la limosna de tu protección.

Trato de pensar, y con ese pensar… racionalizar… entender que ella siempre fue la opción para ti, que debí convencerte de luchar por ella. Que aunque hubiese mujeres más ardientes, más audaces o más inteligentes, ella era la que estaba destinada a ti, y que nada hacemos con desafiar al fatum.

Pero yo no pienso, yo siento y luego existo, yo no soy una impostura como todos los demás. Yo estoy perdida en tu lejanía, en tu olor ausente, en tu halo de bits sobre mi escritorio, y para mí es imposible dejar de llorar.

Para mí es imposible ahora creer en el destino. Mi única diosa es la lluvia, y lloro sin razón, vuelta una con ella.

Usaron el Twitter para lo que no debían
Usaron el Facebook para lo que no debían

Ahora se reencuentran 20 años después de la traición
Con renovado deseo
Y furia por el escape

Tristán llega cabalgando sobre una nube de bits
Alto, irresistible, siempre joven y de ojos enamorados
Con una carreta de dolores trasnochados
Con blogs a cuestas de amores y desengaños

Cada ex es un blog
Cada ex es un heterónimo
Calma su despecho en la red
Y cabalga inexorablemente hacia su destino

Otra Isolda, en otro continente lo recibió
Durante años fingió ser la amada trascendental
Cansada de fingir ser la extraña
Se toma un día un café en Montmartre, convencida de abandonarlo

Cuando Tristán encuentra las maletas de la pseudoIsolda en la puerta
No hace más que agradecer el gesto que lo libera
de pasiones extrañas, de deleites fingidos
de una fidelidad contenida en un vaso de vidrio

PseudoIsolda rompe el vaso
Libera de nuevo el antiguo elixir
Vete Tristán, entregué el apartamento
Yo me quedo con una amiga japonesa a llorar mi tristeza

Tristán recoge el vaso y los pedazos
Barre y deja recuerdos bajo la alfombra
Amores desdichados cuyos sexos decoloraron el tapete
Lo liberan para que vuelva a sus noches de laúd

Amigos, después de veinte años regreso a Venezuela
Abrí este grupo en Facebook para reencontrarnos

Y ella, la Isolda de siempre, la hermosa, la plena, la original,
con sus manos blancas y ojos glaucos contesta
Años y mares de desencuentro mi querido Tristán… aquí te espero

Por madrugadas enteras danzaron en el Twitter
Ella no se despegaba de su nueva versión de windows mobile
Toreando el deseo
Evitando ciertas palabras
Hasta que ella se quebró en un Es a mí a quién extrañas?

Él continuó redactando con desidia
Cerró por unos días la comunicación, mientras decenas de amigos llegaban a Hi5
Aterrado subió al avión, esperado por miles de profiles
Que seguían la pasión avasallante en los posts de sus blogs y del twitter

En su isla ella esperaba insomne
impaciente desolada vehemente deseante
Qué haré con Marke? Era su plegaria ante dioses sordos
Y sólo contestaba Afrodita diciendo, avanza

El vuelo de París llegó pronto, el ferry a Puerto La Cruz también
Tristán no posteaba ni contestaba emails
Sentía una bola creciente en su vientre
Su sexo se erguía de solo pensar en la laptop
Pero el corazón se le empequeñecía por el simple recuerdo
de aquella noche de copas hace veinte años
en la que Isolda le envenenó con el olor de su clítoris
para siempre.

La web social es una web íntima
Donde hacen el amor legítimamente los ex amantes
Web 3.0, triple x, permite reconocer que
en las palabras hay más deseo que en los vientres.

Ámame Tristán, sin recelos ni decencia
Marke no abre el computador, llega muy cansado de la oficina
Yo borro todas las cookies y temporales
Mi Facebook y mi Gmail tienen identidades fingidas.
Fingidas para él, porque sólo contigo soy…

Él se decidió una tarde de sol absoluto
Mail2blogger Isolda, este atardecer es para ti
los otros posteadores aplaudieron
-coro de adoración de los amantes cibernéticos-
y uno que otro se atrevió a contestar desde sus universidades
go ahead Tristan, is the time of your life

Durante días el estado de Tristán fue
Tristan Vzla is El paso de las horas vs. la pobreza de las líneas no dan cuenta de mi deseo.
Actualizado hace 1 semana editar

Isolda leyó en su móvil el post
Cayó en la cama fulminada de desespero
Supo que debía abandonar a Marke y a sus dos hijos
Y aunque no haya visto a Tristán en persona se dijo
No puedo traicionarme más a mí misma viviendo con Marke.

Han pasado semanas, Tristán aterrorizado y lujurioso no se conecta
Ha tenido problemas con el GSM y debe cambiar de ISP
pero teme que el deseo de ella vuelque la memoria de su laptop.
Se pierde cantando frente al mar
Ignorando que ella abandonó a Marke
Y que espera por él incansable frente a su pantalla…

Noche a noche encaramos a la muerte
los más elegantes en un juego de go o ajedrez
los menos -la mayoría- en un juego de policías y ladrones.

Cuál fue mi delito para tan inexcusable pena?
Nacer
Con cada parto una mujer se hace madre de la muerte
y cómplice.

No estamos menos cerca de la muerte que una anciana cuasicentenaria.
Ese es el confort amargo que nos hacemos durante el día
para olvidar que en cada esquina la muerte esparce sus semillas.

La muerte persigue con suaves aromas
esponja el aire con besos y cantos
siempre está ahí
mi amada amiga.

Entre lirios y cristales
avanza incansable hacia la meta
única poseedora del plató definitivo
y del último poema, el más digno de cualquiera.